jueves, 11 de septiembre de 2008

Curiosidades

Es maravilloso.
Una señora muy bien puesta, diputada ella, recomienda por televisión que aquellas mujeres con medios para realizarse un aborto, no se lo hagan.
Obviamente, está en contra de todo tipo de abortos, aún los contemplados por la ley.
Pienso: Por qué no se dedica a sugerirse y gobernarse su propia vida en lugar de meterse en campos privados de otras personas?
O lo privado sólo cuenta cuando se trata de propiedades?
El propio cuerpo no es la propiedad privada elemental?
Soy curioso, y quisiera saber, me gustaría saber, cuántas voces de esas que defienden “seres por nacer” no apoyaron, en su momento, al proceso genocida? Cuántas comulgan con esa iglesia que bendecía armas y torturadores? Cuántas con los idearios que, desde la derecha, produce pobreza, genera ignorancia para poder seguir dominando?
Cuál es la coherencia ética que esgrimen quienes defienden la propiedad privada a ultranza, el individualismo contra toda cooperación y por otro lado pretenden meterse a juzgar sobre las decisiones privadas de cada uno, cuando ese “uno” es “otro”, ese otro sin poder, ni medios, ni educación.

Una píldora más:
Estos personajes que despliegan potestades sobre el resto del mundo, se basan en un pragmatismo elemental, pero olvidan que ese mismo pragmatismo deberían utilizarlo para avanzar un poco más en sus razonamientos (en el supuesto caso que lo deseen, cosa que dudo). La realidad nos dice, nos grita, que los abortos existen. Les guste o no. Digan lo que digan, recomienden lo que recomienden, se hacen. El problema es que, al ser clandestinos, el índice de mortalidad de la mujer embarazada es elevado.
Esa parte de la realidad no les importa.

Final abortivo: No dudo qué haría esa señora tan bien puesta si tuviera una hija de 12 años violada y embarazada.
Ella tiene los medios económicos para resolver el problema.
Y no se metan en su vida.
Es privada.